Muy difíciles son los momentos por los que pasamos en nuestra Cuba de hoy, tanto en lo cotidiano como en los derroteros del proyecto histórico de nuestra Revolución socialista. Los temas de la “economía” están en el centro de todos los desvelos y sueños individuales y colectivos de nuestra gente. En este contexto, se vuelve imprescindible la conjunción de tres fuerzas humanas muy poderosas: la ciencia, la ética y la política. Sin estas, no será posible salir del embrollo actual y, si lo hiciéramos, no valdría la pena.
Muchas son las temáticas en discusión cotidiana, pero hay una que renace periódicamente y tiene que ver con la relación entre la ciencia económica, sus herramientas técnicas y la implementación práctica. Atendiendo a la situación, es común asumir que lo urgente y relevante es cómo solucionar los problemas prácticos, la acción y los resultados en el menor plazo posible. En esta posición subyace un menosprecio secular a la teoría. Esta contradicción impone trascendentales retos a las ciencias económicas, pero especialmente, a lo concerniente a la Política Económica.
El primer y más profundo reto radica en superar la falsa dicotomía entre teoría y práctica. En economía, como en toda ciencia, existe una pirámide de conocimiento cuya base son los fundamentos filosóficos y epistemológicos. ¿Desde qué visión del mundo, de la sociedad y del ser humano analizamos la realidad económica? La interpretación materialista de la historia y su método dialéctico no son un adorno retórico, sino el marco que nos permite comprender la economía como proceso histórico, contradictorio y en movimiento. Sobre esta base se construye la teoría económica, que es el sistema de conceptos, categorías y leyes que explican el funcionamiento objetivo de la realidad. Solo después, y derivada de ella, surge la técnica o economía aplicada (modelos, métricas, herramientas de gestión, metodologías, etc.). Finalmente, está la práctica económica concreta, la política, donde se materializa todo lo anterior.
El error recurrente es saltar de la urgencia práctica a la técnica, obviando la teoría y, peor aún, sus fundamentos. Esto conduce a un pragmatismo ciego, a aplicar “recetas” descontextualizadas que, en el mejor de los casos, ofrecen alivios temporales mientras agravan contradicciones estructurales a largo plazo al sacrificar el resultado inmediato por la solución integral. El reto es cultivar una praxis reflexiva, donde cada medida práctica sea iluminada por la teoría, y donde la teoría se nutra y se revise constantemente a partir del conocimiento obtenido de la práctica. Lo anterior exige una comunidad científica con sólida formación filosófica y teórica, dispuesta a interactuar y aprender de la praxis, y una dirigencia política con la humildad y la sapiencia suficientes para valorar, demandar y usar ese rigor científico-técnico.
La Economía, como concreción histórica de un sistema de Relaciones Sociales de Producción y de desarrollo de las Fuerzas Productivas, dentro de un sistema de relaciones sociales y condiciones naturales de una localidad o país y en el mundo; no es un mecanismo newtoniano exacto, es un organismo social vivo extremadamente complejo. Su estudio requiere reconocer su carácter sistémico y multifactorial: desde la microdinámica de una empresa estatal o un nuevo actor privado, hasta las macrotendencias de la economía mundial; desde los flujos monetarios y comerciales, hasta los culturales, demográficos y ecológicos.
El reto para las ciencias económicas cubanas es desarrollar una visión integradora que tenga en cuenta los indicadores macroeconómicos que, sin reducir el objeto de estudio de la misma a los estrechos márgenes de estos, incorpore al análisis la reproducción de la vida, la equidad, la soberanía alimentaria y tecnológica, la sostenibilidad ambiental, la estabilidad política y la calidad de los vínculos sociales. La economía que debemos estudiar es la que aporte a sostener la vida digna de un pueblo.
En este punto, la Economía Política recupera su lugar central. No como una asignatura del pasado, sino como el fundamento teórico indispensable de las ciencias económicas en su conjunto. Es la Economía Política la que nos proporciona las categorías para entender la esencia de las relaciones sociales capitalistas en su contexto nacional y global, el cual nos envuelve y termina condicionando. Es la Economía Política del socialismo en transición la que debe ayudarnos a entender las nuevas formas de propiedad, los mecanismos de planificación y mercado, la distribución, y la naturaleza de las contradicciones propias de esta fase.
Abandonar este cimiento es navegar a la deriva. El reto es continuar el desarrollo de una Economía Política viva, creadora, capaz de brindar las herramientas teóricas y técnicas, así como su implementación práctica en las condiciones de Cuba y su entorno internacional. Esto implica un estudio serio y no dogmático de Marx, de los clásicos, pero también de los aportes críticos posteriores y de las experiencias (éxitos y fracasos), de otras visiones y modelos de socialismo. Implica, sobre todo, tener la honestidad teórica de nombrar y analizar nuestras propias realidades con sus categorías específicas.
Reconocer el carácter crítico de la ciencia es su punto de partida. Una ciencia económica que no critique las ineficiencias, los dogmas, los intereses creados o las políticas fallidas, no es ciencia. La crítica científica, rigurosa y constructiva, es un acto de lealtad suprema al proyecto socialista, pues busca su perfeccionamiento continuo. Este espíritu crítico debe aplicarse también a la propia teoría económica neoliberal predominante a nivel global, develando sus limitaciones e intereses de clase, pero asumiendo también sus aportes al desarrollo de la ciencia y técnica económica.
La crítica debe estar siempre guiada por una brújula ética clara: el humanismo revolucionario. En el contexto de una crisis ecológica global y de las vulnerabilidades de una isla, este humanismo necesariamente se tiñe de verde. El ecohumanismo revolucionario o ecosocialismo no es un lujo, es una necesidad de supervivencia y coherencia. Significa que la transformación de las relaciones de producción debe ir de la mano con la transformación de nuestro metabolismo con la naturaleza. La eficiencia económica no puede medirse solo en pesos y centavos, sino también en sostenibilidad, resiliencia y justicia ambiental para las generaciones presentes y futuras. La Tarea Vida y la nueva Política de Transición Energética son un ejemplo de la importancia que le da la Revolución a estas problemáticas.
Un reto epistemológico crucial es reconocer la existencia de un sistema de Relaciones Sociales de Producción con leyes, mecanismos y estructuras de carácter objetivo. Estas regularidades (como la ley del valor en sus múltiples manifestaciones en una economía mixta) operan independientemente de nuestra voluntad. No se las puede derogar por decreto. La ciencia económica tiene la tarea de desentrañarlas y exponerlas con objetividad. Ignorarlas o subestimarlas en nombre de la “voluntad política” o el “pragmatismo” garantiza el fracaso.
El desafío final, y el más complejo, es avanzar en solucionar las contradicciones entre la necesidad del enfoque científico, el desarrollo de nuevas técnicas y su implementación práctica en las condiciones históricamente concretas de la sociedad cubana. Esto requiere:
Institucionalidad para la ciencia: Canales fluidos y de doble vía entre centros de investigación, universidades y los órganos de toma de decisión.
Pilotaje controlado y evaluación: Implementar políticas en escalas piloto, con métricas claras y evaluación científica independiente antes de su generalización.
Formación y debate: Una renovación pedagógica masiva y un debate económico público, informado y de alto nivel, que involucre a toda la sociedad.
Los retos son inmensos, pero también lo es la capacidad creadora de un pueblo que ha resistido y creado por más de seis décadas bajo un férreo bloqueo. La crisis actual, en toda su dureza, es también una coyuntura excepcional para un redescubrimiento de la potencia de nuestro pensamiento económico propio.
No hay espacio para el derrotismo. La historia de nuestra Revolución está plagada de momentos donde la inteligencia colectiva, el estudio profundo y el apego a los principios éticos hallaron salidas donde parecía no haberlas. Hoy tenemos la oportunidad de forjar una ciencia económica cubana, socialista y revolucionaria, que sea capaz de entender la complejidad de nuestro país en el mundo, de dialogar críticamente con el saber universal, y de aportar soluciones creativas y justas.
La economía no es un fin en sí misma, es el medio para realizar el sueño martiano y fidelista de una república “con todos y para el bien de todos”, en armonía con su tierra, su pasado y su futuro. Lograrlo exige, más que nunca, conjugar en un mismo haz la voluntad política, el rigor científico y la conciencia ética. Esa trilogía, cultivada con paciencia e importantes sacrificios, es nuestra brújula y nuestra herramienta más poderosa para transformar la coyuntura crítica en un peldaño superior de la construcción socialista.
El camino es difícil, pero la claridad del horizonte y la justeza de la causa nos convocan a pensar y actuar con la audacia inteligente que los tiempos demandan.
* Editorial del número 2 del volumen 11 de la Revista Cubana de Ciencias Económicas Ekotemas del DrC. Ayuban Gutiérrez Quintanilla, Vicepresidente Primero de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba.

