De nuevo voy sobre este tema, ya en agosto, con mucho calor, muy poca electricidad y casi sin poder usar mis también pocos datos móviles. Y tengo que ahorrar batería de mi laptop. Cosas de ser cubano de a pie sin Ecoflow (y me alegro mucho por quienes lo tienen). Tendré que “trabajar en esa dirección”. Sobre esta última frase tengo una anécdota.
No pretendo en mi segunda temporada sobre el tema, y con la relativa brevedad que exige este medio, analizar en detalle todos los ejes y medidas ni proponer mi programa personal de cambios. Varios colegas se han estado refiriendo a su contenido, expuesto alternativas, polemizando incluso (qué bien), y sería pretencioso de mi parte intentarlo en toda su extensión. Hacerlo, y hacerlo bien, requiere el concurso de diversos especialistas de nuestro gremio, y de otros cientistas sociales. Una iniciativa al respecto ya ha sido lanzada desde diferentes fuentes.
Es que el impacto previsible y la inevitable incertidumbre en la implementación de esta reforma trascienden, con mucho, el mero hecho económico. Es una cuestión social, política y de dirección, esta última en su sentido dual, como arte y como ciencia. Aquí aprovecho para recordar que la economía también es una ciencia social. Y para nada una “ciencia parcial”, infeliz expresión que utilizara en cierta ocasión un, por demás, destacado científico de otra especialidad.
Algunas de mis dudas son las siguientes. Subrayo, dudas. No voy a asumir a priori que no existe algo previsto sobre ellas, y usando las bases de la administración de riesgos y otros enfoques de la dirección, pero solo conocemos el documento general que se ha hecho público, y ese no permite esclarecerlas.
Con la apertura prevista se levantan potencialmente barreras de entrada para la incursión de nuevos competidores en la economía doméstica, que pudieran desplazar a las empresas actuales ya establecidas ¿Habrá alguna protección para nuestras mipymes y otras empresas nacionales, por ejemplo?
¿Cuál es la secuencia de estas medidas? La clasificación o agrupación por ejes no refleja claramente cuál será el manejo de la secuencia y con esta las prioridades. Una vez más, el clásico dilema de lo urgente vs. lo importante. Hay urgencias (emergencias más bien) como la comida, la energía, ingresar divisas, por ejemplo. Y por otro lado, asuntos vitales para el desarrollo como la transformación productiva y una inserción internacional diferente, no ocurrirán de la noche a la mañana. Así que tenemos una mezcla de acciones de diferentes urgencias y plazos que hay que organizar bajo otros criterios.
Muy unido a lo anterior ¿qué indicadores, criterios de medida, plazos, permitirán constatar que se alcanzan los resultados? No me refiero al uso y abuso de informes de cumplimientos llenos de explicaciones, tareas en proceso y demás malas yerbas. Hablo de cifras, fechas, de incrementos o reducciones según el caso, por cientos, etc… al decir de la tan maltratada Dirección por Objetivos (o por Resultados, así le llaman algunos y no está mal).
Y aquí encaja la anécdota. En una ocasión me encontraba en una reunión en una empresa con la que colaboraba, y surgió de uno de quienes la presidía, hablando de cumplimientos de tareas, la famosa frase: “Estamos trabajando en esa dirección”. Una especialista de recursos humanos al lado mío dijo para sí (y para mi) “en esa dirección, pero en sentido contrario”. Nunca lo he olvidado y la cito. Me acordé de Física en el Pre cuando estudiaba vectores. El sentido, no solo la dirección importa.
¿El financiamiento para las transformaciones? Aplicar transformaciones en la estructura productiva, recuperar sectores tan deteriorados, brindar subsidios y otros incentivos, las medidas de protección social para personas en situación de pobreza, carencias, etc… todo eso necesita dinero. ¿Cuáles serán las fuentes que harán sostenibles las transformaciones? La crisis de acumulación que padecemos y las deformaciones en la estructura de inversiones que hemos padecido, hacen que la capacidad de recuperación y crecimiento hoy sea nula. No serán suficientes (ni convenientes) más recortes de gastos sociales.
La venta de activos estatales supone valuación previa, interesados en la compra (ojo con el estado y nivel tecnológico de nuestras industrias), más transparencia en el proceso y reglas muy claras que eviten o mitiguen otros males. Será decisivo, y muy difícil, negociar con instituciones financieras internacionales que no respondan a las políticas de bloqueo, y el papel de la emigración también será crucial.
¿Cómo recuperar la confianza en las instituciones responsables, después de tantos tropiezos? Con los resultados, no hay de otra. Dice un colega muy querido y hermano de los años, que la confianza es la base de las instituciones. ¿Tendremos contrapesos y contrapartidas efectivas desde nuestros órganos legislativos, rendición de cuentas de los gobiernos a todos los niveles en base a resultados y no en base a “estamos trabajando en esa dirección”? ¿Separaremos a jueces y partes?.
Y por ahora está bueno. Me ha llevado demasiado tiempo terminar este par de cuartillas. Me voy con una cita de Lenin hablando de productividad. Pero en realidad, encierra un mensaje que trasciende el tema. Y debiéramos darle su lugar, bajo un nuevo contexto:
“En toda revolución socialista, después de haberse resuelto el problema de la toma del Poder por el proletariado … va planteándose inevitablemente en primer plano una tarea esencial: la de crear un sistema social superior al capitalismo, es decir, la de aumentar la productividad del trabajo y en relación con esto (y para esto) darle al trabajo una organización superior.” (Obras Escogidas, Progreso, 1979, p.693).


