Recientemente la prensa se hizo eco de las declaraciones que, en un intercambio con el equipo de comunicación de la Presidencia de la República, compartió el Presidente Miguel Díaz- Canel Bermúdez, y en el cual se refirió a un grupo de temas sobre las transformaciones que implica la implementación del Programa Económico y Social para el 2026 ampliamente consultado con el pueblo.
En el intercambio, se refirió a las dificultades de las cubanas y los cubanos, de la familia, de la economía y de cómo el pueblo “puede sobrevivir y puede tener la disposición para superarlas”, e hizo un llamado a los periodistas presentes sobre la necesidad de hablar de esos temas, sobre cómo superar las dificultades lo estamos haciendo.
Para conversar sobre los temas tratados y cómo podemos hacerlo, entrevistamos al Héroe de la República y Vicepresidente de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, Ramón Labañino Salazar, que lidera la comunicación en la organización.
Vicepresidente, el pasado 12 de junio, el Primer Secretario del PCC afirmó antes el equipo de prensa de la Presidencia de la República que el Programa Económico y Social 2026 se llevó a debate popular a finales del pasado año, y que de esa consulta popular “salieron muchas propuestas, sobre todo de elementos de transformación en el modelo económico y social” ¿Qué valor le asigna, a estos mecanismos de participación para el diseño de políticas económicas? ¿Cómo podrían fortalecerse para que la ciudadanía sienta que sus opiniones son tomadas en cuenta?
Las recientes medidas económicas que anuncio nuestro presidente Miguel Diaz-Canel, tendrán un fuerte impacto económico político y social. Vale subrayar el carácter científico, gradual y participativo de las transformaciones anunciadas en defensa de la Revolución y su capacidad para corregir distorsiones sin renunciar a sus principios.
Mira, el hecho de que se haya debatido el programa a los 168 municipios y que se recogieran propuestas ya es un avance. El valor principal es que la gente sienta que no todo “viene de arriba”, y eso ayuda a que las medidas duelan menos cuando implican sacrificios.
Pero hay un pero grande: si la gente participa y luego no ve reflejado su criterio, su aporte, el próximo debate no será ni tan popular ni tan confiable. Ahí está el reto. Para fortalecerlo, tendríamos que hacer dos cosas muy concretas: primero, publicar en cada municipio un informe sencillo que expusiera de de forma clara y concreta “esto propusieron ustedes y esto es lo que se logró incluir”.
Segundo, que los delegados no solo recojan opiniones, sino que expliquen por qué algunas propuestas no se aceptaron. Sin esa retroalimentación, la participación se vuelve un ritual vacío. También ayudaría mucho que los plazos fueran más cortos. La gente quiere ver cambios en meses, no en años.
Desde su experiencia liderando y participando en espacios como la Red de Economistas ¿cómo valora la disposición del gobierno a recibir propuestas de actores económicos estatales y no estatales? ¿Qué canales cree que serían más efectivos para que esas ideas lleguen y sean evaluadas?
En la Red de Economistas hemos debatido muchas ideas y propuestas que se han elevado a los decisores, también en el Congreso de la ANEC. El gobierno está abierto, y en las prioridades expuestas por Díaz-Canel se observa que se han escuchado y tenido en cuenta, sobre todo en temas de autonomía empresarial y mercado cambiario. Pero aún hay que lograr mayor espacio y acercamiento.
Valoro positivamente que se halla referido a la creación de asociaciones económicas, que podrán hacer con cualquier tipo de actor económico y decidir quiénes son sus clientes y suministradores, de cuentas en divisas, de eliminar intermediarios, eso es justo lo que veníamos planteando. Pero para que esas ideas lleguen mejor, se necesitan canales regulares, no solo consultas extraordinarias. Por ejemplo, podrían crearse Consejos Económicos Municipales, donde participen dueños de Mipymes, cooperativistas y expertos independientes. Y que lo que se hable allí tenga algún peso real, que no se convierta en un desahogo.
Otra vía que funcionaría es desarrollar una plataforma digital simple, donde la gente pueda hacer consultas, con indicadores simples: “propuesta recibida, en evaluación, aprobada o rechazada”. Eso obliga a los funcionarios a responder y a no dejar morir las ideas en un cajón.
¿Ha visto reflejadas en las medidas anunciadas las propuestas a partir de los debates en la Red de Economistas?
Muchas de las ideas debatidas en la Red de Economistas —autonomía empresarial, subsidios a personas, eliminación de trabas a la importación/exportación, cuentas en divisas, reducción de ministerios— han sido recogidas en los discursos de Díaz-Canel. Eso no salió de la nada; hay un trabajo serio y profesional de muchos economistas cubanos dentro y fuera de la academia. Tampoco es concesión al capitalismo, es ejercicio de dirección científica. La crítica sobre la “letra pequeña” es una invitación a monitorear la implementación, no a desconfiar de la Revolución. La historia reciente de Cuba demuestra que cuando una medida falla (como anteriores intentos de autonomía), se rectifica; cuando acierta, se consolida. Ese método es revolucionario.
La Red de Economistas continúa, aún no hemos terminado.
El presidente llamó a “comenzar un proceso de información, de explicación a la población, porque lo más importante sería que se entiendan esas transformaciones que hay que realizar, que se compartan, se defiendan, y que salgamos a implementarlas con toda eficiencia” ¿Qué recomendaría a los medios de comunicación y a los periodistas económicos para explicar procesos complejos como la inflación, el déficit o la emisión monetaria, sin generar alarma ni desinformación?
Este es un tema delicado, y al que hay que prestarle mucha atención. No hay un manual para explicar “la cadena” de la inflación, ejemplificar con productos cotidianos o reconocer errores pasados, la propuesta debe ser construir soberanía cognitiva. En Cuba cualquier noticia sobre inflación o emisión puede generar pánico y colas, pero hay que tener en cuenta que el pueblo no es ingenuo y valora la verdad.
Los medios cubanos, al informar con transparencia sobre los costos transitorios de las medidas, por ejemplo, también están educando en economía política, también están enfrentando la campaña mediática que se nos hace sobre todo en las redes sociales.
Un espacio semanal con tres indicadores simples (horas de luz, precio del dólar informal, disponibilidad de pollo) sería una herramienta de control popular, no de derrotismo. Eso es democracia socialista en acción.
Lo que recomendaría a los periodistas:
Primero, explicar la cadena, no solo el dato. En lugar de decir “la emisión monetaria creció 20%”, mostrar: “El gobierno imprimió más dinero para pagar salarios, pero como no hay suficientes productos en los estantes, eso hizo que subieran los precios de la leche y el pan”. Eso la gente lo entiende.
Segundo, no esconder los costos de las medidas. Si van a eliminar subsidios, hay que decir claro: “al principio dolerá, pero el subsidio a las personas protegerá a los más vulnerables”. Si solo anuncian beneficios, nadie les cree.
Tercero, usar ejemplos cotidianos. Comparar con lo que pasa en la esquina: “la libra de arroz subió 5 pesos porque al mayorista le cuesta más traer el combustible”. Eso conecta mejor que los informes macroeconómicos.
Cuarto, admitir errores pasados. Si los periodistas reconocen que antes se hicieron cosas mal, ganan credibilidad cuando explican las soluciones nuevas.
Por último, que los medios creen un espacio semanal con indicadores simples: ¿cuántas horas hay luz? ¿a cuánto está el dólar en la calle? ¿se consigue pollo? Eso es más útil que la información sobre el avance del PIB.
Para terminar, le propongo un ejercicio prospectivo: imagine que dentro de un año volvemos a entrevistarlo. ¿Qué indicadores concretos, visibles en la vida cotidiana de los cubanos, demostrarían que las medidas a que hizo alusión el Presidente han tenido resultados? ¿Y qué señales habría de que se necesita corregir el rumbo?
Si en junio de 2027 se logró reducir los apagones, si aumentó el abastecimiento de productos y se mantiene la frecuencia de su presencia en el mercado, si los salarios alcanzan para vivir y el dólar informal se estabiliza; habremos confirmado la efectividad de la estrategia.
Si dentro de un año Si persisten desigualdades o emigración juvenil, si este avance no se materializa, entonces habrá que ajustar muchas cosas. Y rápido, porque para salir de la crisis el tiempo no es infinito. El Partido y el Gobierno actúan con urgencia, pero sin improvisación. Mi confianza en que estas medidas lograrán avances no es ingenua: está fundada en la historia de resistencia, rectificación y victoria de Cuba.
A modo de conclusión, el Héroe de la República de Cuba, con una sonrisa de satisfacción expresó a modo de conclusión:
Los análisis contenidos en los documentos no son amenazas al modelo, sino insumos para su perfeccionamiento. La Revolución no teme al debate público, lo convoca. Las medidas anunciadas —secuenciadas, participativas, comunicadas con honestidad—, demuestran que es posible corregir distorsiones económicas sin renunciar al socialismo. El optimismo es obligación del revolucionario, no porque los problemas no existan, sino porque la voluntad política y la inteligencia colectiva del pueblo cubano han demostrado, una y otra vez, que pueden resolverlos. Esta es, efectivamente, la obra de todo el pueblo.


