Luego de haber crecido sólo 2,3% en 2020, debido fundamentalmente al impacto de la Covid-19, la economía china registró un crecimiento de 8,1% en 2021, superando la expectativa de 6% pronosticada, de modo que fue una de las pocas economías que creció en esos dos años.

El crecimiento de 2021 fue el mayor en una década, después de que los ritmos se desaceleraran a cifras de un solo dígito asociado a la transición hacia un modelo orientado al consumo, meta que se ha visto limitada por la irrupción de la pandemia. Para 2022 se espera que la economía crezca entre un 4,8% y 5,1%, según el FMI y el Banco Mundial, respectivamente (FMI, 2022a; EFE, 2021).

Aún con el modesto crecimiento de 2020, China consolidó su posición mundial de segunda mayor economía, después de Estados Unidos. Mientras, el crecimiento de 2021 representó más del 18% del crecimiento global (Xinhua, 2022a).

A pesar de que China superó el choque inicial de la pandemia, los brotes esporádicos del virus siguen perturbando la actividad económica. La política del gobierno dirigida a su contención y a la reanimación de la economía han dado resultados satisfactorios, pero también han lastrado la recuperación e intensificado otros problemas latentes como la inflación y el desempleo, al tiempo que se han visto afectados los indicadores financieros.

Entre los factores que han contenido el crecimiento se encuentra, en primer lugar, las interrupciones en las cadenas de suministro. En particular, se desaceleró la producción industrial, no solo por los problemas en la cadena de abastecimiento, sino también por la escasez y el encarecimiento de la energía y las medidas para la contención de las emisiones de carbono.

Otros factores fueron la afectación del sector de los servicios y la mayor regularización de las autoridades en los sectores inmobiliario y financiero, sobre los que descansa una parte importante del crecimiento, pero cuya expansión desmedida en los últimos años representa un peligro para el desencadenamiento de una crisis similar a la ocurrida en 2008 en Estados Unidos. Todo ello presionó a la baja al consumo privado y la inversión.

Para sortear la situación descrita y estimular la economía, el Gobierno se vio forzado a tomar medidas excepcionales de apoyo financiero. El Banco Central inyectó liquidez y redujo las tasas de interés con vistas a reanimar el crédito. Sin embargo, esto generó otras dificultades. Las medidas expansivas, además de contribuir al aumento de la inflación, llevaron a un incremento del déficit presupuestario (ver nota 1) y, consecuentemente, de la deuda gubernamental, así como la de empresas privadas e individuos, tanto en términos absolutos como con relación al PIB. (FMI, 2022b).

No obstante, debe señalarse que, aunque la deuda pública respecto al PIB de China ha venido creciendo de manera sistemática durante las dos últimas décadas, este indicador es menor que el de las economías avanzadas en su conjunto y el de países como Estados Unidos e India, por la magnitud de su PIB (Caixa Bank, 2021).

El crecimiento de la deuda supone riesgos. Uno de ellos es que, debido a las afectaciones de la Covid, se agudizó el problema de incumplimiento de pagos por parte de algunas empresas. El otro es el peligro que representa el crecimiento de la deuda de empresas privadas con acreedores privados y a través de bonos, por lo que significa en términos de renegociación en caso de imposibilidad de pago.

La anterior situación ha creado incertidumbre acerca de la capacidad del Estado de apoyar a las empresas (tanto las privadas como las que tienen deudas no garantizadas por el Gobierno) con problemas de pago, que si no tienen la posibilidad de renegociar sus deudas podrían quebrar, con los consecuentes efectos negativos para el sistema financiero y la economía en general.

Debido a la situación económica interna descrita, para el actual año (2022), las autoridades chinas han afirmado que promoverán políticas macroeconómicas “prudentes” y fiscales “proactivas” con el fin de contribuir a la estabilidad macroeconómica (FMI, 2022b). Ello significa que se espera una política monetaria moderadamente restrictiva y una fiscal más fuerte, que conducirá quizás a una reducción de la inversión pública, pero continuará apoyando a los pequeños negocios a través de recortes de impuestos y contribuciones de manera selectiva, así como a los hogares, con el fin de garantizar el consumo.

La moneda

El renminbi (RMB) se apreció frente al dólar en 2020, alcanzando el mayor valor entre todas las monedas de economías emergentes (BIS, 2020). El fuerte comportamiento del RMB fue reflejo, sobre todo, del éxito de las políticas de contención de la Pandemia y la rápida recuperación de la economía china, además de que se benefició de las cuantiosas entradas de flujos en cartera.

En 2021 el panorama cambió para el dólar, que se apreció frente a casi todas las demás divisas, incluso las de economías emergentes (ver nota 2). Sin embargo, el yuan continuó fortaleciéndose, dando muestras de estabilidad a pesar del stress que significaba el tamaño del sector inmobiliario y la reducción en los crecimientos.

Otro aspecto a destacar en el período fue que las autoridades chinas continuaron realizando esfuerzos por internacionalizar el RMB. Un paso significativo en ese sentido fue la creación del yuan digital (e-CNY). A diferencia de otras monedas digitales, el e-CNY será emitido y controlado por el Banco Central del China y estará respaldado por dinero físico. Al inicio será usado en el interior del país, pero en el futuro se extenderá hacia el exterior.

Aunque el yuan se ha fortalecido y ha incrementado su presencia en las finanzas internacionales como medio de pago en el comercio y en las inversiones, aún su posición relativa global como moneda de reserva es baja. Se encuentra en el quinto lugar mundial, pero a una distancia apreciable de dólar estadounidense y el euro (FMI, 2022c).

Sector externo

A pesar de las afectaciones en la producción y el comercio, China continúa siendo el mayor exportador y el segundo importador de bienes del mundo (ver nota 3). También se encuentra entre los principales exportadores e importadores de servicios, aunque la Pandemia se hizo sentir con más fuerza en ese rubro en todos los países, principalmente en la categoría de viajes (OMC, 2021).

En cuanto a flujos financieros, el país mantiene su lugar como uno de los principales receptores y proveedores del mundo. En 2020, a pesar de la reducción de los flujos de inversión extranjera directa (IED) mundiales, China continuó siendo el segundo receptor y subió al primer lugar como inversionista (UNCTAD, 2021). Las salidas de IED estuvieron apuntaladas, fundamentalmente, por la expansión de las empresas multinacionales chinas y los proyectos en curso de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Los flujos de deuda también se han mantenido elevados, tanto los que entran como los que salen de China (FMI, 2021), de modo que es la principal prestataria y prestamista entre los países subdesarrollados (ver nota 4), aunque el país es también un importante acreedor de países desarrollados (por ejemplo, a través de la compra de bonos del Tesoro de Estados Unidos).

La persistencia de flujos hacia China se explica por los significativamente mayores ratings de deuda soberana respecto a los de otros mercados emergentes. Los del gigante asiático se han mantenido estables durante la pandemia, evidenciando que la rápida recuperación económica ha primado sobre los factores negativos, como son, las presiones fiscales, las vulnerabilidades financieras y las mutaciones del virus.

La principal consecuencia del incremento en la entrada de flujos financieros foráneos a China es el crecimiento de su deuda externa, que en 2021 se situaba en 2.7 billones de dólares (Bloomberg, 2022). Las características de esa deuda no se diferencian de las del resto del mundo: la deuda de corto plazo es mayor y crece más rápido, lo mismo ocurre con la privada no garantizada por el Gobierno, y la deuda en forma de títulos adquiere una gran proporción (Banco Mundial, 2022a).

Por otra parte, el otorgamiento de préstamos por parte de China, en particular al mundo subdesarrollado, se asocia en gran medida al proyecto de la Ruta y la Franja de la Seda, y a tenor con su papel de gran prestamista, el país es también el su principal acreedor público (ver nota 5).

Reservas internacionales

El resultado del desempeño de China en los dos últimos años se resume en la situación de sus reservas internacionales. A pesar de que éstas experimentaron algunas reducciones durante el período, asociados a la necesidad de enfrentar los efectos de la Pandemia, se reafirman como las más altas a escala global (Banco Mundial, 2022b). En su magnitud inciden, fundamentalmente, los superávits corrientes y de capital con el resto del mundo.

A fines de diciembre de 2021 estas ascendieron a 3.25 billones de dólares, según estadísticas de la Administración Estatal de Divisas (Xinhua, 2022b), crecimiento que estuvo amparado, básicamente, por el repunte de las exportaciones y la apreciación del yuan.

Conclusiones

China sufrió tempranamente los embates de la Covid-19, que repercutieron en una desaceleración de su crecimiento, aunque se mantuvo en niveles positivos todos los años. La recuperación fue rápida, sobre todo en términos comparativos con el resto de los países, gracias a las acciones de política tomadas por las autoridades, no sólo respecto a la economía, sino también a la propia Pandemia, que enfrentaron fuertemente con medidas de aislamiento y altas tasas de vacunación.

De todos modos, aún persisten desequilibrios macroeconómicos y riesgos, algunos derivados directamente de la Pandemia o resultantes de las políticas tomadas para favorecer la recuperación económica. Por ejemplo, las políticas monetaria y fiscal expansivas favorecieron la recuperación económica, pero contribuyeron al incremento de la inflación y la deuda.

Subsisten también otras dificultades que estaban presentes desde antes de la Pandemia, como el crecimiento desmesurado del sector inmobiliario y de la deuda interna y externa. Estas, junto a las derivadas de la Covid, han retrasado el logro de las metas que se ha propuesto el país, como el cambio de la matriz energética, el salto tecnológico y el paso a un modelo de desarrollo más basado en el consumo interno y menos en las exportaciones e inversiones extranjeras.

En cuanto a su sector externo, el país recuperó, también de manera rápida, los flujos comerciales y financieros. Continúa siendo el mayor exportador y el segundo importador de bienes del mundo, y también se encuentra entre los principales exportadores e importadores de servicios.

En las finanzas, mantiene su lugar como receptora y proveedora de inversiones y préstamos desde el mundo y hacia este. Asimismo, continúa dando pasos hacia la internacionalización del yuan.

En síntesis, el desempeño económico de China en esta etapa ha demostrado una vez más la capacidad de resistencia y acomodo del país para sortear las dificultades, a partir de sus enormes potencialidades en términos de monto de reservas de divisas, dinamismo de las exportaciones, fortaleza de la moneda y sistema financiero básicamente controlado.

Dra. Elda Molina Díaz

Centro de Investigaciones de Economía Internacional, UH

MsC. Eduardo Regalado Florido

Centro de Investigaciones de Política Internacional, ISRI

Notas:

  1. Según estadísticas del FMI, si bien desde la década anterior el déficit venía creciendo (en 2010 no superaba el 1% del PIB y en 2019 era del 6,3%), en 2020 llegó a representar el 19,4% del PIB y para 2021 se proyectaba un ligero decrecimiento, pero una cifra muy elevada aún (15,4% del PIB). (FMI, 2022b)
  2. En la presión a la baja de la tasa de cambio del resto de las divisas frente al dólar, los factores que más influyeron fueron: las políticas tomadas para reanimar las economías, los altos déficits internos y la alta inflación doméstica.
  3. En 2020 sus exportaciones de mercancías representaron un 14.7% del total mundial y sus importaciones el 11.5% del total. (OMC, 2021).
  4. Desde 2015 los préstamos otorgados por China a estos países supera a los provenientes del Banco Mundial, el FMI o cualquier otro gobierno. El monto total es mayor considerando que estas cifras no incluyen los acuerdos privados. (Barria, 2020)
  5. China acumula más del 60% de la deuda de los 74 países más endeudados y de menores ingresos[1] del mundo. (Banco Mundial, 2022a)

Referencias bibliográficas

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